Ayer fue Sant Jordi y aproveché para dar un paseo por Barcelona. La verdad es que las multitudes me agobian mucho, pero no puedo evitar pasarme por las Ramblas cada año, me encanta el ambiente: las paraditas de libros, las mujeres paseando con sus rosas...
Cuenta la leyenda escrita, que en tierras de Capadocia, aunque popularmente cada región adapta la leyenda para ubicarla en su población, había un Dragón que atacaba a diestro y siniestro al reino. El pueblo decidió que para evitar los ataques entregarían dos corderos cada día para ser devorados por el dragón y así evitar que el dragón atacase la villa para satisfacer su hambre.

Hasta que un día los corderos empezaban a escasear y se acordó que enviarían a una persona y a un cordero; con lo cual cada día se hacía un sorteo y se enviaba a dicha persona a la cueva del dragón. Un día en el sorteo salió el nombre de la princesa. En ese momento, el rey ofreció riquezas a la familia de aquél que ocupara su lugar, sin embargo el pueblo se negó y le reprochó que ya muchos habían quedado sin familiares y que el rey no tenia por qué ser la excepción. Así, sin ninguna alternativa, fue caminando hasta la guarida del dragón y cuando iba en rumbo, se encontró a Sant Jordi que, al oír su situación, se ofreció a rescatarla y mató al Dragón clavándole la espada en el corazón. De la sangre que fluyó nació una rosa.
A Sant Jordi el rey le ofreció riquezas, sin embargo él las rechazó y pidió que se le repartieran al pueblo. También construyó una iglesia en su nombre, de la cual brotaba agua milagrosa que curaba a los enfermos.
El día de Sant Jordi es costumbre en Cataluña, y partes de la Comunidad Valenciana, que los maridos regalen una rosa a sus mujeres (actualmente, también el libro), y las mujeres un libro a los esposos por alusión a la leyenda popular.
Dimos un paseo por las ramblas, aprovechamos para dar una vuelta por el mercado de
La Boqueria y tomarnos un zumo de los que ofrecen en casi todas las paradas de fruta y que tanto apetecen con estas temperaturas.
Luego seguimos bajando hasta llegar al puerto, hicimos parón en el
Tapa Tapa del Maremagnum (muy recomendable, le pongo un
8,5) . Tiene muy buena relación calidad precio. Después dimos otro paseo por La Villa Olímpica.
¡Besos!
Leyenda: sacada de Wikipedia.